El estrés es el enemigo #1 de la salud

EL ESTRÉS y el SISTEMA INMUNE


Bajar el nivel de estrés es la mejor medida de salud preventiva


Nuestro cuerpo es un verdadero milagro del diseño, la arquitectura y la ingeniería. Está conformado por trillones de células que tienen funciones diferenciadas y específicas para que nuestra alma pueda experimentar la vida en este plano a través de la físicalidad. Estos trillones de células se agrupan en tejidos y los tejidos conforman órganos, glándulas y sistemas de enorme complejidad y en conjunto forman un cuerpo perfectamente interconectado y comunicado de tal forma que funciona como un solo gran sistema inteligente que se adapta con sorprendente eficiencia al mundo en el que vive y a los cambios que se presentan, tanto internos como externos.


Nuestro sistema nervioso junto el sistema conectivo, es el principal responsable de llevar al cerebro tanto la información que llega del exterior como la que viene de cada rincón de nuestro universo interno para que éste, que es un computador extremadamente poderoso y el administrador de la energía y los recursos del cuerpo, envíe las señales que encienden y apagan cada función que se realiza a nivel celular y en cada órgano, glándula y sistema,


Nuestro cerebro está programado para, ante todo, preservar la vida. Cuando hay alguna situación, ya sea interna o externa, en el que nuestra vida esté en peligro el cerebro da la señal para que se pongan en acción medidas extremas para superar la crisis. Una vez que la situación se normaliza el cerebro cambia de “modo de emergencia” a un modo de “calma y máxima eficiencia”.


El encargado de llevar esta información al cerebro es el sistema nervioso que a través de impulsos eléctricos comunica tanto la situación como la intensidad de la situación al cerebro. El cerebro recibe la información y acude a los bancos de memoria para determinar el tipo de respuesta a dar a cada situación. Cuando se trata de algo que identifica como una amenaza nuestra integridad, el cerebro mediante el sistema endocrino, y muy específicamente mediante la glándula amígdala cerebral y las glándulas adrenales, lanza al torrente sanguíneo grandes cantidades de adrenalina y cortisol para generar la respuesta al exterior de “ataca, corre o paralízate” con el fin de preservar la vida. Internamente se suspenden funciones que no son indispensables o no soportan esta reacción, entre ellos el sistema inmune, y se exacerban otras para atender este estado de emergencia como la frecuencia cardiaca.


Pensemos en alguna vez que hemos estado a punto de caernos, o de chocar, o de presenciar un accidente. Todos hemos sentido esa descarga de energía en el cuerpo que nos hace reaccionar en fracciones de segundo al estímulo. Esa capacidad de respuesta es gracias a esta descarga de hormonas al torrente sanguíneo que pone a nuestro sistema nervioso en alta tensión e hiperreactividad. En esos momentos actuamos por instinto y sin reflexionar para salvarnos del peligro.


Todo esto está muy bien si nuestra vida, o la de otro, realmente corre peligro. ¿Pero qué pasa si mi estado de estrés está ocasionado por la presión en el trabajo o por una relación conflictiva, o por la exigencia y la rapidez de la vida contemporánea? La mente puede engañar al cerebro haciéndole creer, tan solo por traer al presente un recuerdo de una situación estresante, una imagen desconcertante o imaginar una situación terrible en el futuro, que nuestra integridad está en peligro. Y más aún ¿qué pasa si ese “estado de máxima alerta” se queda encendido por horas, días, meses años…hasta décadas? Los químicos que generan la respuesta de “ataca, corre o paralízate” son altamente corrosivos y van desgastando los tejidos del cuerpo, y el principal afectado es el sistema nervioso. Esto ocasiona un círculo vicioso ya que el sistema nervioso se vuelve entonces hipersensible y percibe los estímulos desde esta hipersensibilidad enviando al cerebro mensajes exageradamente subidos de tono lo que genera que el cerebro siga enviando señales al cuerpo de mantenerse en estado de “alerta roja”. Ya podemos imaginar lo que sucede con el paso del tiempo; nuestra salud tanto física, como mental y emocional sufren ya que mantener este estado de alerta toma mucha energía y nos va dejando completamente agotados.


El estilo de vida del mundo actual nos ha hecho enfermar de estrés. Estamos enfermos, antes que de ninguna otra cosa de estrés y con ello sufren nuestras relaciones, nuestras familias, nuestra capacidad de ser creativos, reflexivos y felices. Y nuestra salud se va erosionando, tanto a nivel físico como emocional y mental. Nuestro espíritu se muere de hambre porque no tenemos ni el tiempo ni la energía para atender este aspecto de nosotros mismos; sentarnos en silencio, conectar con nuestra verdadera esencia, reflexionar, contemplar, disfrutar, y estamos tan agotados y desgastados que somos incluso incapaces de dormir profundo. Nuestro sistema nervioso simpático se queda encendido permanentemente en vigilia y “montando guardia”, lo que no permite encenderse al sistema nervioso parasimpático que es el que nos permite entrar en un sueño profundo y reparador que es cuando entran en función los procesos de regeneración celular que le permiten al cuerpo repararse a sí mismo. Y por lo tanto nos vamos debilitando y nos volvemos más y más propensos caemos víctimas de pequeñas y grandes enfermedades porque nuestro sistema inmune se va deprimiendo y debilitando.


Se ha comprobado que el estrés es la causa de la aceleración en la degradación de los telómeros, esas estructuras que protegen la información genética de nuestros cromosomas (ver PH.D Elizabeth Blackburn, premio Nobel de Medicina, en sus descubrimientos sobre los telómeros). Cuanto estos telómeros se acortan por exceso de estrés se aceleran los procesos de envejecimiento y se pervierte el proceso de apóptosis, llamada también “muerte celular programada”, que asegura la regeneración sana de los tejidos. Lo anterior provoca la aparición de células cancerígenas que un sistema inmune deprimido no alcanza siempre a destruir y puede entonces aparecer tejido canceroso. El acortamiento de los telómeros está en el origen también enfermedades crónico degenerativas como síndrome de Hashimoto, artritis degenerativa, síndrome de CRON, diabetes, hipertensión, Alzheimer entre otras.


No obstante, nuestro maravilloso cuerpo humano tiene una enorme capacidad de regenerarse y sanar si le damos la oportunidad, y la belleza es que lo podemos hacer nosotros mismos con técnicas fáciles de aprender como Yoga, respiración consciente (pranayama), meditación, visualización y mindfulness.


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